miércoles, 9 de octubre de 2013

Aventuras voluntarias (V)


Siguiendo con mi apasionante mudanza... ¿Cómo? ¿Que no os parece apasionante? Pues seréis los únicos, porque todas las grandes narraciones (libros, películas,  chistes de leperos…) están basados en el problema de la vivienda  y sus avatares.

Qué mejor ejemplo que los cuentos clásicos europeos:

  • Los tres cerditos: la dura búsqueda de una casa con mejores calidades.
  • Blancanieves y los siete enanitos: cuando la única solución es compartir piso con un grupo de tunos bajitos.
  • El cuento de la lechera: los que se apuntaron a una cooperativa de viviendas y aún están esperando.
  • La Cenicienta: la que comparte piso y siempre le toca limpiar a ella.
  • La princesa y el guisante: los riesgos de alquilar un piso amueblado
  • Hansel y Gretel: cuando el piso es muy bonito pero la casera es una bruja.

Si hasta en la Biblia hay unos que se pasan unos 40 años buscando casa, y no se puede decir que no mirarán por todas partes, hasta debajo del mar.

Pero claro, en estas y en todas las historias, hay un villano y la mía no iba a ser menos: que no todo fueron ayudas y hadas madrinas disfrazadas de Señorita Romy.

En mi breve pero intenso proceso mudancero, me encontré con varios malvados de los que se retuercen el bigotito y dicen aja-ja-já. Bueno, más o menos. 

Primera aventurilla: Érase que se era que, como ya había decidido que no iba a llevarme ningún mueble a la nueva casa y a falta de coche y ascensor, necesitaba que alguien se llevara estos trastos de mi casa.

Me dijeron que había una organización estupenda para mis fines: iban a tu casa y se  llevaban todo lo que les pudiera servir para un mercadillo, gratis, y si había algo que directamente era para tirar, te cobraban algo por llevárselo. Vale, parecía perfecto. Hablé con ellos por teléfono y concertamos una hora y día.

Para empezar eran tres, al contrario que  los  Mosqueteros (que eran cuatro) que en mi mini-piso, casi no cabíamos todos. Hacían de poli bueno y poli malo, pero además se habían traído a un tipo que ni dijo ni una sola palabra, así que más bien yo diría que eran “El bueno, el feo y el mudo”.

El que hacía de poli bueno era el que más o menos sonreía y hablaba (poco) conmigo. El que hacía de poli malo debía saber que yo maté a la señorita Amapola en la biblioteca y con el candelabro, porque me odiaba y cuando lograba superar el inmenso rencor que mi presencia le causaba me decía  - enfadadísimo - que eran voluntarios.

Uno de los motivos por los que quería irme de esa casa es porque sucedían fenómenos paranormales ¿no os lo había contado? Oía voces, músicas extrañas (sobre todo bachata) y ese día descubrí que además, yo misma me estaba convirtiendo en un espectro, porque cuando les preguntaba algo a este trío, no me respondían.

Aunque el encantamiento se rompía de vez en cuando, y se dirigían a mí para quejarse de todo (sobre todo de ser voluntarios) y todo lo que yo tenía era una auténtica porquería y a ellos les cobraban en el vertedero y que además como eran voluntarios...

Yo pensaba “Pues menos mal que no sabes que además está todo embrujado, que si no”

Pero como había veces que no yo dejaba de aparecer antes sus ojos, hablaban entre ellos y se oían cosas como  "esto está bien", "sí, sí, está bien".

Y cuando yo volvía a corporeizarme, decían  "De aquí no se salva casi nada" 

Al final me dieron el presupuesto:

- Bueno, esto serían dos horas de trabajo a 70 €: 150 €

¡Cómo han cambiado las matemáticas desde que yo estudiaba, cuando aún pertenecía al mundo de los vivos.

Siguieron ahí diciéndome que mis cosas eran una basura (y ellos unos voluntarios) hasta que por fin se dignaron a contestarme cuando le pregunté (ya para que se fueran, la verdad)  al poli (semi) bueno: 

- Vale, entonces son dos horas por 70, que a mí me salen 140 y a ti 150 ¿no?

El que estaba enfadadísimo (voluntariamente, eso sí) me dijo, a punto de partirme mi espectral boca:

- ¡La propina! Esa es la propina, porque si somos voluntarios yo creo que nos merecemos una propina ¿no?
- Vamos que aquí todos sois voluntarios menos la propina.

Pero como esto lo dije cuando ya no era visible, sobre todo porque ya se habían ido, porque yo soy una cobarde a la fuerza y voluntariamente, y como haga falta.

Total que al final pedí presupuesto (mucho más económico) a una empresa normal y corriente de esas que la gente va a trabajar obligada, porque para que me tomaran el pelo por lo menos que lo hicieran profesionalmente.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Aventuras nórdicas a mí (IV)

Érase que se era que continuaba aquella pérfida cuenta atrás para mi mudanza, ya tenía el colchón pero demostrando una ambición sin límites quería tener algún que otro mueble (hay gente que no se conforma con nada) y todo combinado con recoger, limpiar y realizar mil y un trámites enojosos en grado sumo para un alma sensible como la mía (traducción: tres horas rebotando de extensión en extensión de un 902 para descubrir que tu televisión de pago está a punto de abandonarte para siempre)

Durante aquellos días horribles íbamos en busca del mueble perdido un día sí y otro no y ... perdón, hasta ahora he dicho buscábamos, medíamos, comprábamos ¿utilizaba el plural mayestático? ¿o esa forma sutil que tienen los jefes para dar malas noticias?

- Vamos a tener que hacer un esfuerzo extraordinario con este proyecto y quedarnos a finalizar las tareas
- Pues siento que os tengáis que quedar, vosotros.

¿Acaso me refería a Romy? Bueno, a ella la llevaba en mi corazón pero no, me refería a una presencia física y real de mi nunca bien ponderada hermana mayor. Y recalco lo de mayor porque todos hemos oído bonitas historias de hermanitos mayores que piden a Papá Noel que se lleve a la hermanita pequeña o que expresan su amor fraterno de maneras que suelen incluir riesgo de visitar Urgencias Pediátrica.


Los celos, dicen. ¡Mentira! Una vez más este blog os va a descubrir qué razón provocó todas y cada una de las veces que vuestro hermano mayor os robó las patatas fritas o las 27 veces consecutivas que os hizo escuchar el gran hit de Mecano “Eungenio Salvador Dalí” mientras os miraba y decía:


- ¿Lo has pillado enano? “E-un-genio” ¿No? Pues venga, te lo vuelvo a poner.

Bueno pues resulta que cuando un tierno infante va a tener un hermanito pequeño, la noche antes de que nazca tiene un sueño en el que el nuevo guarriatillo ese tan majo les lleva a una extraña casa, una casa enorme con, por los menos, seis o siete cocinas en la que es fácil entrar pero casi imposible salir,  quizá porque cuando buscan el cartel de salida solo ven extrañas palabras que nunca han visto llenas de diéresis y acentos misteriosos.


Y los pobres futuros hermanitos mayores se levantan con sudores fríos y durante tres días solo repiten “tullsta”, “mulig” y “ektorp” provocando no pocas llamadas al exhorcista de guardia, mientras sienten un rencor difícil de explicar por el "hermanito pequeño".

Pero he aquí que mi hermana nunca se acuerda de los sueños ni de los chistes, motivo por el cual le sigo contando el del fantasma de los ojos azules. Gracia no le hace, pero sabérselo no se lo sabe.

Y por eso jamás me ha tenido manía ninguna y es mejor hermana mayor que la hermana mayor de La Casa de la Pradera ¿Que si esa era buena hermana? Hombre, aguantaba a Laura Ingalls ¿queréis algo más? Bueno, pues también aguantaba a Michael Landon.

Y ahí ha estado la pobre mujer, viendo los pisos conmigo, buscando los muebles conmigo, midiendo siete veces seguidas el mismo trozo de pared (por si acaso crece) conmigo y hasta limpiando el horno, aunque no "conmigo" que dos personas juntas no caben en el mismo horno, no es por nada.

Yo la verdad es que estoy pensando en pedir la Legión de Honor francesa para ella ¿por qué no? ¿acaso no se la dieron a Julio Iglesias? Y me vais a decir que ese tío tiene pinta de haberle hecho la mudanza a nadie. Eso es imposible por favor ¿no veis que se rozaría los tobillos con las cajas?

Y así ha terminado la pobre encerrada en Ikea conmigo durante dos días seguiditos y otros no tan seguidos, sin desfallecer jamás, al pie del cañón, convertida en la Agustina de Aragón del mueble desmontable.

¿Y yo? Pues yo si desfallecí y al cuarto día consecutivo de luchar con un polígono industrial dedicado (casi) en exclusiva al mundo del mueble, hube de reconocer mi derrota (ya ni el polígono puedo dominar, debo ser menos ambiciosa ¿quizá uno dedicado a los repuestos de automóvil?), cuando con las piernas, la espalda y mi amor propio ya habían sido derrotados y me quedé transida en el sillón Pöang mirando fijamente una estantería Billy, mientras mi hermana diseñaba una combinación de tan nombrada estantería que cupiera en mi casa y yo solo pensaba:

- Billy hijo, cuánto hubiéramos ganado todos si te hubieran dejado bailar a la primera.


lunes, 23 de septiembre de 2013

Aventuras en tiempo récord y el amor verdadero (III)

Pues bien, ya tenía piso y ya había visto muebles y hecho muchas cuentas y pasado noches sin dormir, pero las más negras nubes se cernían sobre mi futuro inmobiliario y una serie de catastróficas desdichas hicieron que me confirmaban que me alquilaban el nuevo piso el día 14 y que me tuviera que mudar el 23. ¿Que cómo se organiza una mudanza en 9 días y a una casa sin un solo mueble? Pues eso mismo digo yo.

- Menos mal que tenías vacaciones
- No, no, las vacaciones ya se habían acabado
- Aprovecharías la jornada intensiva de verano ¿no?
-....
- ¿Qué te pasa? ¿Te ha entrado algo en los ojos?
- mmmno no
- ¿Estás llorando? ¿Lloras cuando digo "jornada intensiva"?

Rehago mi pregunta ¿Cómo se organiza una mudanza y se amuebla una casa en 9 días mientras se trabaja mañana y tarde? ¿Deja secuelas? No, qué va, qué exagerada es la gente.

Bueno, lo único que he notado... vamos, que es una tontería, casi no merece la pena comentarlo. En fin, que lo único que he notado es que desde entonces algunos días cuando me levanto, resulta que me he convertido en un hombre de esos que se dejan la uña del dedo meñique mucho más larga que las demás.

Lo del cambio de sexo me da un poco igual, pero lo de la uña... lo de la uña me está volviendo loca! ¿Por qué narices hago una cosa tan rarita?

Pues lo dicho, que aquí estamos 9 días antes del día D, con presupuesto de esos que eufemísticamente se llaman "modestos" y a las claras, cosas mucho menos bonitas que no pienso decir porque soy una señorita. Por lo menos algunos días.

A lo que iba es que empezó un período loco de búsqueda desesperada de lo más básico, de listas de cosas por hacer, de presupuestos imposibles y de calendarios que se miraban una y otra vez, por si aparecían días de más.

¡Quién me iba a decir que, en medio de semejante locura, iba a encontrar el amor! Sí, sí, el amor con mayúsculas, el amor incondicional, el amor ese al que cantaba Lolita con cara de estar en la sala de espera del dentista (ella sabrá por qué).

Lo primero en todas las listas era buscar una cama, porque claro se puede vivir en una casa sin sofá, sin sillas, sin armarios, sin cuadro de ciervos, pero no sin una cama o por lo menos un colchón. En este momento es importante hacer notar que los muebles en general, se entregan muuucho más tarde de lo que se encargan y en agosto, se entregan muuuucho más tarde, en concreto en septiembre, como pronto.

En El Corte Inglés ya había visto una cama "Coraje" de oferta que supuestamente entregaban en 10-15 días y que no me atreví a comprar, por si al final no podía alquilar ese piso y terminaba encontrando uno amueblado, además el famoso día 14, el día que recibí la gran noticia lo que todavía no había recibido era la tarjeta del susodicho Corte Inglés con la que pensaba pagarla.

Hasta alguien tan poco competente en matemáticas como yo, parecía bastante claro que no daba tiempo a recibir la cama a tiempo.

Así que ese mismo día llamé a la dependienta que nos atendió, la Señorita Romy, que me había dado el teléfono directo de su sección, para preguntarle una cosa de la oferta que ahora no recuerdo ni lo que era, pero nunca me he alegrado tanto de descolgar un teléfono:

- ¿Señorita  Romy, por favor? Soy la del colchón y canapé Coraje y que me lo voy a comprar pero que...

- Ah, sí, sí, me acuerdo pero esa oferta... espera un momento. Pepiiiiiiiiii ¿dónde está el papel que nos mandaron ayer de la oferta de Coraje? Ah sí, está aquí, que quitan la oferta el día 15.

- ¿Quéeeeeeeeeeeeeee?

- Sí, aunque era hasta el 31, mañana 15 (festivo) es el último día

¡¡Me dio un coraje!! La Señorita Romy siguió hablando:

- Bueno pero si le interesa, yo te guardo el colchón (¡pobre! dónde lo iría a meter) y tú vienes incluso el viernes, más tarde no, que me voy de vacaciones

- Gracias Señorita Romy, eres muy buena, le pondré tu nombre a mi primera hija (no sé lo que opinará la muchacha de que la llame "Señorita Romy" pero bueno). Pero es que lo iba a pagar con la tarjeta y no me la han mandado todavía

- No pasa nada,  voy a preparar todos los papeles para que aunque no la hayas recibido, en Atención al Cliente te hagan no sé qué gestión y puedas comprarlo.

- (ya con lágrimas en los ojos) Romy, te quiero, pero es que necesito el colchón el día 23 y no me da tiempo

- Yo llamo a los de Pikolín a primera hora el viernes y les meto prisa (a ver si no me dicen que a ellos plin). Bueno, pues le llamo yo ¡no llame, no hace falta!. Llamo y aviso, y si viene un día que no esté hablas con mi compañera Pepa y le dice que todo lo tengo en mi carpeta y ...

- Señorita Romy, cásese conmigo.

Al final fuimos a comprarlo el mismo día que hablamos como a las nueve de la noche y me dijo que ya tenía la tarjeta concedida y que aunque no la tuviera físicamente no pasaba nada y que lo cerrábamos todo y hasta nos presentó a Pepa y todo.

El viernes me llamó a primera hora y me dijo que sí, que el colchón me lo entregaban el día 23.

Recordad: Señorita Romy de El Corte Inglés de Nuevos Ministerios en Madrid, la mejor dependienta de España y alrededores. Yo nunca la olvidaré, solo lamento no haberle pedido un mechón de su cabello para hacerme un relicario.


viernes, 13 de septiembre de 2013

Aventuras (mobiliarias) a mí (II)


Tal y como os decía en este último mes – más o menos – he descubiero un mundo para mí ignoto hasta este momento: el de las misas negras.

¿Que qué tal están? Bueno… no están mal del todo, si no te importa tener que quitarte un montón de plumas al volver a casa. Como a mí sí me importaba y además resulta que me había metido una ceremonia vudú y no en una misa negra, me dedique a la decoración.

Para aproximarse al mundo del mueble, empece tanteando internet para primero: asustarme mortalmente de todos los precios, segundo: tomarme un coñac para reponerme, tercero: tomarme un café para que se me pasara la cogorza y cuarto: enfrentarme a la realidad del asunto mobiliario (después del inmobiliario)

Pero se ve que debía seguir borrachaa, lo único que explicaría que viera anuncios como este:
Ofertas en canapés abatibles a precios (resaltado) IMBATIBLES

Por si acaso alguien no lo había cogido.

O un comentario a una tienda:
Tienda de muebles "La cuca"
"esta tienda es muy cuca."

Todavía no sé si es irónico

Pero lo que demuestra que debía estar más borracha que una salamandra, es que viera esto:

Desde mi ignorancia decorativa, me parece que es como si el sofá de tus padres hubiera tenido un hijo con un impermeable de Sandie Shaw. Pero yo que sabré en el anuncio dice que “..  le añade un toque muy roquero”…. Un toque roquero, ahora se explica por qué Ozzy Osbourne se hizo satánico.

Oye, y si esta fuera la pieza central de mi salón y todo lo demás tiene que combinar ¿dónde podría escoger lo demás? ¿Se subastarán en alguna parte los enseres de Estudio 54?

Como os decía yo estaba muy desorientada el tema de elección de muebles en general, pero lo que tenía muy claro era la marca de mi colchón ¿por qué? ¿alguna comparativa calidad-precio de las existentes en el mercado? ¿recomendaciones de internet? ¿el primo del hermano del vecino de mi cuñado es un enterado del sector?

No hombre no, lo mío estaba basado en algo realmente serio y de fiar: Yo quería que por fin poder decir “A mí plin, yo duermo en Pikolín”. Si esta no es una razón de peso (para ingresar en un frenopático pero razón de peso al fin y al cabo) me diréis cuál lo es.

Así me acerqué a su web, donde pude ver los nombres que les ponen a sus colchones
  • Coraje
  • Ánimo
  • Energía
  • Fuerza
No es por meterme en sus cosas pero yo les recomendaría quitar la máquina de red bull de la sala de reuniones donde hacen los brainstroms.

Aunque ¿sabes lo que te digo? Que a mí plin.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Aventuras a mí (I)


Por fin he vuelto de mis vacaciones blogueras, como algunos recordaréis dije que dejaría este sagrado espacio de las letras en barbecho durante todo el verano porque iba a emprender una ambiciosa empresa enfrentándome a tan magnos retos que hasta el tío ese que tiene un programa de televisión en el que come insectos vivos en medio de un bosque (cuando los cámaras se están comiendo un bocata del cátering a dos metros de él) se rendiría avergonzado tamaño desafío y se rendiría (justo antes de lavarse los dientes, espero) 

¡Me he mudado de casa! Ah ¿que no parece que sea tanto? A ver: el que lo ha dicho, sí tú, tú ahora no disimules que te he visto, tú ¿hace mucho que no te mudas, no? Claro que reconozco que hay mudanzas y mudanzas...

Pero seguro que no llevabas demasiado tiempo en la casa que dejabas y no te había dado tiempo a que se estratificaran años y años de “por si acasos”. Ya se sabe, lo que se guarda por si algún día se necesita, confiando además en no solo los vas a necesitar sino que lo vas a encontrar el día que lo necesites, algo más inocente que pensar que se puede hacer una mudanza desde la playa.

Algunos os darán explicaciones sensatas de este fenómeno, pero yo os voy a desvelar lo que realmente nos lleva a guardar las declaraciones de la renta de 1.993: son los duendes.

Que sí, que sí, unos duendes griegos que se llaman todos Diógenes, que viven en cada casa y cuando vamos a tirar algo, lo sacan por la noche del cubo y vuelven a guardarlo. Y así ese trozo de papel en el que apuntaste “C/ Serrano 228 – 5º A” y que sabe San Cucufato lo que signifca,  vuelve a tu vida para siempre jamás.

Lo peor es que encima lo guardan donde primero les pilla (los duendes no son conocidos por su capacidad organizativa, qué os voy a contar) de manera que cuando busques desesperadamente la garantía de la lavadora, solo encuentres una revista cuyo titular te dé que pensar que quizá ha quedado vagamente desfasada “Urdangarín considerado el yerno ideal por los españoles”.

Lo primero pues fue luchar a brazo partido con el maldito griego ese que vivía en mi casa (y cómo vivía el tío, como un marqués… qué digo un marqués ¡un duque!) sorprendiéndome a cada minuto de que tanto enser inútil pudiera caber en un piso tan pequeño, quién sabe ¡A lo mejor he estado viviendo en una casa de 150 m2 todos estos años y yo creía que era un mini piso!

O si preferís la versión clara y concisa de un compañero de trabajo que también se ha mudado este verano 

- No sabía que pudiera tener tanta mierda en casa

Cada uno cuenta las cosas a su manera, qué duda cabe.

Lo segundo, buscar el piso en cuestión. Sobre este tema se ha escrito mucho, especialmente en el Muro de las Lamentaciones. Así que no incidiré más sobre lo que tantas veces se ha dicho sobre el ambiguo significado de los términos “luminoso”, “céntrico”, “oportunidad” o directamente “cédula de habitabilidad” pero sí os diré que visitar pisos te hace darte cuenta de cuán variado es el espectro humano que nos rodea sin nosotros sospecharlo (sobre todo, los que no viajáis en metro).

Digo humano y no inmobiliario porque al margen de cómo sean de ridículas las cocinas, ye-yés los baldosines y abyectos los cuadros de ciervos con un costado arrancado por  perros enfurecidos (enfurecidos sin duda por llevar viendo un sofá de sky hace cuatro décadas) , lo que a mí me ha sorprendido ha sido que … un inciso, si yo pudiera viajar a un solo momento del pasado para intentar cambiar el curso de la historia, yo sin duda escogería el momento en que un pintor tipo pensó:

- ¡Qué idea he tenido,  voy a crear una imagen que sea al mismo tiempo de buen gusto e instructiva para que la gente se relaje cuando llega a casa y se olvide de las preocupaciones cotidianas cuando  descansa por la noche en el sillón antes de dormir: Un ciervo aterrorizado que intenta huír de una jauría de perros asesinos!
A lo mejor creyó que la gente pensaría

- Mira, a mí Peláez me ha vuelto a robar la grapadora en la oficina pero el ciervo este está mucho peor, que se lo llevan comiendo desde el año que nos casamos.

Pues aún sabiendo que existío ese ser humano (y varios millones que compraron el cuadrito de marras) aún así nunca pensé que conocería a alguien que se jacta de no tener llave del buzón desde hace treinta años y no haber perdido una carta jamás, como he conocido este verano. Una cosa ¿cómo sabes que no ha perdido una carta si no te ha llegado? Por ejemplo está claro que no habéis recibido la publicidad de ninguna ferretería que te informo que venden cerraduras de buzón por cuatro duros (y después cuatro euros, que así fue el redondeo, más o menos)

Una vez que encontré casa,  lo siguiente fue buscar muebles, una experiencia nueva para mí. A ver si me explico, yo no es que hasta este momento viviera sin muebles, aunque no sería tan sorprendente si pensamos que hay gente que vive sin llaves del buzón desde hace 30 años y ciervos que viven sin un costado desde hace 40, pero iba tirando con cosas heredadas y el concepto “decoración” era totalmente ignoto para mí, motivo por el cuales mis cuitas en ese terreno son tan apasionantes que os invito a conocerlas en próximas entregas de “A Phineas y Ferb les quería yo ver mudándose de casa”.