lunes, 28 de febrero de 2011

Ayudas al teatro en España (I)

Cuando era pequeña los sábados por la noche ponían en televisión una película que era casi un acontecimiento, algo lógico teniendo en cuenta que en aquellos milenios no había más que dos cadenas, y así el lunes podías preguntar perfectamente "¿Viste la película del sábado por la noche?" y no hacían falta más aclaraciones.

Pues bien, recuerdo que uno de esos sábados fuimos a cenar a casa de unos primos y mientras estábamos en la cocina, por el patio interior se oyó perfectamente la voz de un crío gritando a pleno pulmón:

- EMPIEZA LA PELÍCULAAAAAAAAAAAA.

Y mi tío dijo:

- A este niño es que le paga la comunidad para que nos avise a todos.

Esta anécdota la tengo muy fresca en mi memoria, además de porque no recuerdo haber oído ninguna otra cosa graciosa que a mi tío en toda la vida, porque el fantasma de ese niño pregonero me iba a acompañar durante mucho tiempo.

Y es que hoy quiero aprovechar este humilde blog para dar las gracias a un grupo anónimo, un grupo que no espera agradecimiento alguno del conjunto de la sociedad, seres humanos que prestan su ayuda desinteresada a todos aquellos que la necesiten, y a los que no, pues también.

Acuden a cines y sobre todo a teatros y en vez de relajarse y disfrutar tranquilamente del espectáculo, no dudan en sacrificarse por los demás y estar alerta para aclararnos alguna duda que podamos tener sobre el desarrollo de la acción, o llamarnos la atención sobre algún punto en concreto del argumento que resulte especialmente jugoso.

Número 1: Voluntario Tipo "Informador"

Yo misma tuve sentado justo en el asiento de al lado a uno de los más grandes representantes de esta tendencia, hará unos pocos meses, cuando fui a ver una adaptación teatral de la famosa novela de Agatha Christie "Diez Negritos".

Creo que no descubro nada (si es así, o si quieres que el protagonista escoja seguir buscando el tesoro en Pakistán, pasa al siguiente punto) si digo que la trama se basa en que diez personajes se ven atrapados en una isla donde van siendo asesinados, uno por uno.

Pues bien, este caballero, cada vez que moría uno, decía a voz en grito: ¡UNO MENOS!

Y también: ¡OTRO MUERTO!

Y a modo de resumen: CUATRO, SOLO QUEDAN CUATRO.

Cómo se esforzaba el hombre ¿Eh? Porque esos gritos no me digas que te salen naturales, y oye, mira como llevaba la cuenta por mí, por mis compañeros y por mí el primero. Aunque un tío que se cuenta dos veces en una cuenta tan fácil, no sé si es el más indicado para llevar la contabilidad de nada, no es por fastidiar.

Prototipo Número 2: "El repetidor"

Es el que repite sistemáticamente lo último que ha dicho el actor. Su misión es ayudar a los duros de oídos o a gente que haya estado distraída, no sé, por ejemplo mirando su luminosísima pantalla de móvil.

Hace poco tuve la fortuna de volver a tener sentada a mi lado, qué suerte que tengo de verdad, a una buena señora, que junto a su amiga (Dios los cría) repetían cada momento álgido:

- DE CÁDIZ, AY, QUÉ ERA DE CÁDIZ.

Vienen a ser como esa gente que repite el final de los chistes, no sé como para afianzarlos, o quizá para dejar claro que han entendido algún intrincado mecanismo humorístico y exclaman, tronchándose de la risa:

- Porque era el fantasma de los ojos azules. Ja-ja-ja.

Yo, cuando me iba a sentar y las vi, ya supe que había vuelto a ser agraciada con el premio gordo de todo el patio de butacas. Una iba de leopardo y otra de cebra y las dos brillaban, por supuesto. Es un paso más en la evolución: Los cuadrúpedos reflectantes o fieras luminescentes. Que lo mismo te sirven si tienes que organizar un safari fotográfico, que si se te pincha una rueda.

Este tipo de voluntario suele estar combinado, y es diferente de separar del:

Tercer tipo: El afirmativo.

Es muy majo, porque no solo pretende ayudar al público, sino también a los autores de los textos, ya que les da la razón.

Por ejemplo, un señor que le daba la razón a los personajes y les secundaba sus decisiones, que vi, y sobre todo oí, durante la representación de "Carlota" de Miguel Mihura.

El protagonista, cree que le quieren envenenar y cada vez que le ofrecen una taza de té, él contesta muy asustado:

- No, no, de verdad, no quiero.

A lo que este voluntario entre el público añadía:

- CLARO QUE NO QUIERE ¡CÓMO VA A QUERER!

¿Veis? Combina ambos tipos, porque por una parte nos deja bien claro qué ha pasado y por otro aprueba el buen proceder de los personajes.

Tampoco faltaron los, y ahí estaba de acuerdo con la cebra luminescente:

- ¡AMOS!

- ¡POR CLARO!

- ¡HOMBRE!

Y similares. A este me lo encontré, sí, os va a sorprender, pero estaba sentado justo en el asiento de al lado. Hace apenas dos días. Tal cantidad de coincidencias se pueden explicar porque, además de que voy mucho al teatro, creo que los llevo yo.

Hace tiempo que esta última idea me ronda la cabeza, que tanta casualidad no puede ser, así que aunque yo lo ignore de forma consciente, en realidad esa gente va conmigo y yo vivo en una realidad paralela tipo "Los Otros".

Y ¿sabéis eso que se dice que cuando vas a morir ves tu vida entera como una película? Pues la mía será como esas películas muy liosas que al final te ponen unas cuántas escenas que ya has visto, pero viendo algo más que lo aclara todo.

Hasta ahora es la explicación más plausible, no me lo negaréis.

Número 4 (Anda mira, como los negritos): El aclarador.

Este es mi favorito y el que sin duda muestra más a las claras que quiere ayudar al prójimo, porque aclara puntos de la trama que quizá no se hayan explicado lo suficiente.

Obra: El Mercader de Venecia, que estos ángeles de la guardia del espectador te explican a Shakespeare o a quién haga falta.

No descubro nada, si cuento que en un momento dado, una de las protagonistas se disfraza de hombre y se hace pasar por otro personaje, para ayudar a su amado que se encuentra en peligro. Esto no es un gran secreto, no os creáis que viendo la obra hay que ser un lince para darse cuenta, pero como siempre hay gente a la que le gusta ayudar, una generosa dama se dedicó a repetir durante toda la escena:

- E' la chica, e' la chica

No lo pongo en mayúsculas porque no hablaba muy alto, bueno, yo la tenía dos filas más atrás y la oía perfectamente (Por disimular se puso un poco más lejos), resumiendo que no gritaba como los demás.

Pero quizá quiso compensarlo con la repetición, porque lo dijo una y otra vez, una y otra vez y otra y...:

- E' la chica, e' la chica.

Siempre así, de dos en dos. Yo desde entonces, llamo a esta simpática tendencia "síndrome elachica",

Por cierto que como de desagradecidos está el mundo lleno, se oían algunas voces

- Señora, que al teatro no se viene a jugar al mus.

(Continuará)

lunes, 21 de febrero de 2011

Febrero, mes del truhán

Después de abrir mi corazón en esta entrada y en esta, me da la impresión de que mi imagen se ha deteriorado y que ahora parezco una veleta y una frivolona, en vez de una romántica incurable. Quizá porque he insistido poco en ese punto, no más de 20 veces.

Empiezo a pensar que sois unos descreídos y que habéis perdido la fe en el amor, precisamente ahora que es su mes, que lo sé yo, que lo veo en todos los escaparates que me cruzo y digo yo que si algo lo ponen en todos los carteles que hay por las calles, será cierto ¿no?

La verdad, esto es un problema porque había pensado orientar mi (inexistente) carrera artística hacia el tema romántico, buscar una fuente de letra que par y comenzar todos mis posts con un "Perdona si te digo".

No sé, algo como "Perdona si te digo que hoy he perdido el autobús", aunque quizá me pase, que vale que no sea muy buena, pero tanto como para pedir perdón. Porque ese señor ¿no lo hará por eso, verdad?

En todo caso, todo lo hace porque es como yo, un "romántico incurable". ¡Fíjate tú si será verdad que ni todo el dinero que está ganando le puede curar!

Que sí, ahora que me he pasado a su bando, os digo que todos los que viven de esto son súper sinceros, que seguro que son unos románticos y unos "enamorados del amor" y unos, a ver si encuentro otro sinónimo, ah, sí, unos pesados del quince.

Que yo sé que el pobre Alex Ubago lleva sufriendo diez años como un becario por aquella novia suya que le dejó. Que le dejó una carrera musical (o lo que sea). Y ese pobre sí que no tiene cura, que la gente no hace más que mandarle tarjetas de psicólogos y venga a ponerle teléfonos de terapeutas en el Twitter "Alex tío, a mí esta persona me ayudó mucho, llámale".

De verdad que todo es sincero, que antes de que le dejara esa chica no tenía esa cara de penica ni se parecía tanto a Ross el de Friends.

Aunque mira en algo es una excepción, porque algo curioso que tiene este "romanticismo extremo" es que un día están súper enamorados de esta, y mañana de otra.

Como Julio Iglesias, que puede parece que no, pero todo lo que hacía con sus fans, cuando todavía no daba más miedo tocarlo que a las cuevas de Altamira, era enamorarse.

Que sí, que se enamoraba una y otra vez, y otra, y otra.

Lo que le pasaba es que siempre se enamoraba por la noche.

Después de los conciertos.

Y por la mañana, descubría que el amor es solo un engaño de la mente. De la mente o de la coca, eso depende de cada uno.

Y esto lo resumía él (que creo que no ha escrito una letra en su vida, literalmente) poniendo ojitos cuando cantaba aquello de "Soy un truhán, soy un señor", y lo decía con tanta intención que yo, que era pequeña cuando todavía se le veía cantar esta canción en la tele pensaba:

- Vete tú a saber lo que significa eso del "truhán", pero ¡Tú que vas a ser un "señor"! Tú lo que eres es un ...

Es que entonces no entendía que semejante letra fuera el culmen del sentimiento amoroso, como cuando dice: “… y casi fiel en el amor”.

Y pensaba: ¿Qué significa que tú pareja sea “casi fiel”? No sé ¿Un 90 % ? O sea que cada 10 días, te pone los cuernos.

Pero eso era antes de captar su sensibilidad extrema y volverme igual que él.

No, no quiero decir que tenga una de recua de hijos a los que solo veo cuando me hago fotos con ellos vestidos de blanco en una playa. Que un día le decía a una amiga:

- Julio Iglesias ve tan poco a sus hijos, que como le pusieran varios niños más en la foto no sabría cuáles son los suyos.

Y me contestó:

- Bueno mujer, pues los que vea que van vestidos de blanco.

Esos comentarios malignos eran antes. Antes de comprenderle que ahora incluso voy a ver si puedo recuperar esos discos que tenía mi tía cuando yo era pequeña en los que nuestro querido Julio cantaban en varios idiomas: Francés, alemán...

¿Que cómo lo hacía? Pues lo de cantar, más o menos como siempre, que cuesta saber si está cantando o le ha despertado el teléfono e intenta disimular, pero no le salen la mayoría de las consonantes y termina diciendo algo como :

- Noooo, noooo, noooo sisaaba depieeeto

Añadidle un “hey” después y ya me diréis, si se parece o no.

De su forma de cantar se ha dicho (cuántas injurias) que era “quejíos” porque le dolía la tripa, teoría esta que al parecer se avalaba por esa obsesión por palparse la americana esa cruzada en todos sus conciertos. ¡Falacias!

Yo me he dado cuenta de que en realidad lleva el brazo ese como muerto, como sin fuerzas. Lo que sin duda es debido a que le duele el hombro, porque tiene una contractura severísima y crónica en el cuello. ¡Pobre hombre! Es un incomprendido, pero no ha querido dar lastima. ¿Por qué os creéis que lleva girando la cabeza 45 años? ¿Porque es su lado bueno? Venga hombre, eso no hay quién se lo crea ¿Cómo va a ser ese su lado bueno? ¿Qué es? ¿El fantasma de la Ópera?

Y los acentos... pues bueno, habrá quien diga que le daban escritos en pronunciación figurada los diferentes idiomas y que se notaba que no tenía ni idea de lo que decía, pero lo cantaba todo con un sentimiento alucinante, sin saber si estaba diciendo cuánto amaba a la truchi de turno, o preguntando por dónde se coge el Bateau Mouche.

¡Cuánta incomprensión ha tenido que sufrir "truhán"! Pero no, ahora no, ahora yo mismo me he convertido en una truhana. Palabra que por cierto, no recuerdo haber oído en mi vida. Sí, espera, era el título de una obra de Antonio Gala.

Precisamente, que ya es casualidad, que solo la utilice otro que también ha vivido años y años de sombrar floridos jardines de palabrería acerca del más noble de los sentimientos humanos, sin olvidar incluir por lo menos dos o tres veces cada capítulo de amenas digresiones de tres páginas sobre el significado (dígase con mucho sentimiento) de "El Amor" y "La Pasión". Sí, esa, en la turca es en la que estoy pensado, que yo también caí y me la leí.

Mira, y en honor a todos estos grandes hombres, voy a buscar de una vez por todas, qué es un truhán

A ver, primera acepción:

truhan, na o truhán, na.

(Del fr. truand).

1. adj. Dicho de una persona: Sin vergüenza, que vive de engaños y estafas. U. t. c. s.

En vuestras manos dejo decidir si esto define a nuestro "artista más internacional":

Pero ¿y yo? A ver la segunda acepción:

2. adj. Dicho de una persona: Que con bufonadas, gestos, cuentos o patrañas procura divertir y hacer reír. U. t. c. s.

Ah, pues no, entonces no.


lunes, 14 de febrero de 2011

En este día tan potito

He de confesaros que he encontrado el amor verdadero.

Sí, otra vez, qué pasa, no, no es la última entrada repetida, es que me ha vuelto a pasar.

Yo es que, hora es ya de decirlo : Soy una romántica incurable, que jamás se desilusiona y entrega su corazón, aaaay, más veces de las que quizá debiera, o debiese.

Resumiendo, que no soy una "romántica curable", otra cosa que todo el mundo sabe que no existe como "persona de clase media excéntrica".

Hoy es el día mejor para confesar que me enamoro, que soy una "enamorada del amor", persiguiendo la sombra de una fantasía que ... perdón, es que he visto a uno leyendo La Sombra del Viento en el Metro y me ha dado un aire.

A lo que iba:

Fue en la tele, en un programa de La Dos que se llama, bueno, mejor me lo callo, por si me demandan.

Son breves entrevistas, de a lo mejor cuatro o cinco personas que supongo yo que lo que tienen en común es que tienen una web o similar.

Por ejemplo, aquel día salía un publicista, uno que hace papiroflexia, otro que tiene una revista de cotilleos donde puede salir cualquiera. Cualquiera que pague 50 euros, vamos.

Y todo va como cortadito: 2 minutos del publicista, 2 del papirofléxico (no le daba tiempo ni a sacar el papel, el pobre, con lo que yo admiro a los papirofléxicos)... y así.

A un lado de la imagen aparecen unos letreritos o "tags" (a buen entendedor) que ponen por ejemplo PUBLICIDAD, o TIEMPO LIBRE o lo que sea

Entonces le vi a ÉL, aunque era difícil de ver, porque estaba en medio de un mar de cosas de lo más variado, para que os hagáis una idea, lo que ponía en uno de los tags era SÍNDROME DE DIÓGENES.

Él mismo utilizó esa expresión, pero viviéndolo, no avergonzándose, ahí fue donde vi que era mi príncipe azul.

Y es que yo tengo Síndrome de Diógenes, eso está clarísimo, pero hasta ahora no sabía cómo enfrentarlo, y era una afectada vergonzante, que se ocultaba en las esquinas, pero él... él sale en la tele enseñando la chatarra que tiene en casa porque (dice que) todo eso era para un proyecto. ¡Un proyecto! ¡Este tío tiene un proyecto!

Ese tío tiene un proyecto y yo tengo un ... problema, bueno, también tengo que tirar un montón de cacharros.

¡Yo necesito un proyecto! Eso, o un punto limpio cerca de casa

¿Qué pasa? ¿Vosotros no tenéis Síndrome de Diógenes? ¿Seguro?

¿No guardáis en casa ropa de cuando las patillas largas estaban de moda? Sí, esa camisa que "está nueva" y que va a seguir así toda la vida porque os quedaba pequeña y la comprasteis pensando que en que ibais a adelgazar.

O esos zapatos que siempre han apretado, pero que nos llevamos de la tienda haciendo caso a los optimistas vaticinios del dependiente, encerrados en esta mágica fórmula:

- Eso es piel y luego cede.

¿Seguro que no guardáis papeles y papeles con una utilidad dudosa? ¿Listas de la compra del 2004? ¿Revisitillas rijosas? ¿El álbum de cromos de Naranjito?

¿Y en la cocina? ¿No guardáis un bote caducado de cardamomo que utilizasteis un único día y que tiene una etiqueta en pesetas? ¿Y aparatos que parecían el colmo de la utilidad y que ahora sobreviven desmontados, después del segundo lavado?

Hay que recordar que en cuando cruza la puerta de la cocina pasa a llamarse "Síndrome Yogurtera".

Pues yo sí, que lo sepáis, así que cuando le vi, lo tuve claro: Nos casaríamos. Me vas a decir que ese tío tiene ya pareja, venga hombre... que respire no, por lo menos. Bueno, pues nos casaríamos y viviríamos en medio de la inmundicia, pero ya sin remordimientos ni vergüenzas, y le diría a la gente

- No, no tenemos una tendencia obsesivo-compulsiva a acumular bazofia en casa, es que "tenemos un proyecto".
o
- El locuelo de mi marido tiene un proyecto.
o
- El jueves es el día de visita en que voy a ver a mi marido.


Según tenga el día.

El tipo iba hablando más y más, de las joyas que la gente deja en la basura, que reconozco que me daba un pelín de asquito, o de los libros, comics y discos absurdos que había ido recopilando por ahí (volví a sentir que le amaba).

Cortaron la entrevista, y pasaron a otro tío, y yo mientras pensaba en nuestros hijos... y en cómo corretearían... en medio de aquella inmundicia, y jugarían con las ratas que les amputar... No, espera, casi mejor no tener hijos.

Volvió a hablar y dijo que él en realidad era músico. ¿Veis? Es un artista.

Pero claro, unía sus proyectos con la música: Aparece una especie de guitarrita hecha con un envase de detergente (que ni siquiera era de cachesiete) y empieza a tocar:

- Gling, gling, gling....

Al 7º gling pensé "Macho, puedo soportar hasta ese jersey rijoso que llevas, cuyo origen no es imprescindible que especifiques, pero con esto, no puedo"

Y así acabó nuestro amor ficticio, así, se desvaneció sin más, entre aquellos trastos apilados en carritos de supermercado.

Fue como el programa, rápido, inmediato, fruto de estos tiempos que corren... que corren lejos de su casa.

martes, 8 de febrero de 2011

De Hombres y Ardillas

Ha pasado ya algún tiempo y a pesar de mi timidez y de que un rayo de sol que hay detrás de mi pantalla me está taladrando la cornea, tengo que confesarlo:

He encontrado el amor verdadero.

Todo empezó hace un par de meses, el día que fui a devolver a "Anna Karénina" a la biblioteca, después de despedirme de ella emotivamente, darle un bocata para el viaje y desearle de corazón que haga nuevos amigos y que a ser posible, sean más que los que ha hecho en sus tres años en dicha biblioteca (dos).

Yo esperaba encontrarme al mameluco de costumbre en la ventanilla.

Inciso: No tengo ni la más remota idea de cómo se llama el perillán en cuestión, pero un día me comentó una amiga me habló del lelo de su vecino, "El Valentinín":

- Pues será idiota pero ahora trabaja en el Ayuntamiento de donde tú vives.
- ¿Pero es muy tonto?
- Tontísimo
- Entonces es el de la biblioteca.

Así que desde entonces se convirtió a mis ojos en El Valentinín, cuya expresión despierta he visto en esta década con una frecuencia, que francamente me hubiera ahorrado sin pena ninguna.

Entre los momentos de oro que atesoramos juntos está aquel en que le pregunté si podía donar libros míos y me mirándome con esos ojillos vivarachos que denotan que sin duda fue bovino en una reencarnación anterior (y que en esta solo ha cambiado muchas letras):

- Buenoooooo, si son pocos ¡Que esta biblioteca es muy pequeña!

Tranquilo, que son muchos pero muy pequeños, en concreto son la Biblia más pequeña del mundo, El Quijote más pequeño del mundo y otras grandes (o pequeñas, según se vea) obras que nadie en su sano juicio no se iba a poner a leer en semejante formato.

Los compré aquel día que me emborraché con orujo de pueblo en una feria medieval.

Y es que esos esos mini-volúmenes siempre me llenan de inquietudes ¿Alguien se ha comprado alguno? ¿De verdad? ¿Por qué? ¿Y lo ha leído? ¿Qué explicación le dio a su oftalmólogo de un aumento repentino de 527 dioptrías?

Ahora que lo pienso ¿alguien ha comprobado que realmente tengan los textos que tienen? ¿le importa eso a alguien además de mí?

¿Quién escribe (físicamente) esos libros? ¿Los que escriben tu nombre en un grano de arroz pero que tienen más aspiraciones?

Vuelvo a aquella tarde de invierno, cuando esperándome al chispeante Valentinín, vi a un muchacho bastante apañado y hasta sonriente y todo.

¡Oh, un bibliotecario guapito y simpático! El sueño de cualquier aficionada a los libros, o en su defecto, madre con ganas de tener un yerno funcionario.

Mientras buscaba un nuevo libro, ya vislumbraba a nuestros rubios hijos. Porque yo, si tengo hijos, que sean rubios, si no, no tengo, y si no, les desollo la cabeza con champú de camomila o lo que haga falta.

Y es que, después de llevar años viendo a familias felices con niños rubios en los anuncios, he comprobado que los productos son varios, pero los niños siempre tenían el pelo igual, que eso casualidad, pues no puede ser. Que se creían ¿Que no nos íbamos a dar cuenta de que un hijo rubio lleva la felicidad a una familia? Perdón, perdón, un niño y una niña: "La" parejita.

Bueno, que me imaginaba a esos niños que renunciaban a su herencia genética, correteando por el parque, jugueteando (cuando se trata de una ensoñación, todos los verbos acaban en "ando") con ardillas que les amputaban los dedos, cuando volví a la ventanilla.

Yo iba dispuesta a proponerle mi proyecto de futuro, que pronto pasaría a ser nuestro proyecto de futuro más tres años visitando las obras de un piso en la VPO que nos aceptara como postulantes, pero contemplé horrorizada como la que ahora era destinataria de sus sonrisas, era una chica jovencita que le preguntó que si tenían "Un mundo feliz".

Mi pichoncito miró la pantalla de su ordenador con cara de profunda concentración, se volvió al Valentinín - que estaba por ahí sin objetivo definido, supongo que pasando el contenido de un estómago a otro - cómo se buscaba un libro.

Reconozco que ahí se enfrió un poco mi pasión, y es que Valentinín le baja la libido hasta a los de Gran Hermano y además, ya empezaba a vislumbrar que mi cariñín no era el lince de la biblioteconomía que yo soñaba.

Después siguió un buen rato mirando a la pantalla intrigado, y al cabo de un rato de teclear y sorprenderse, mi futuro marido, el padre de mis futuros hijos de nívea cabellera dijo:

- ¿Es deeeee (leyendo) Aldo-us Jakslii?

Vale que yo no sabría escribirlo a la primera, ni a la segunda, pero que se note que es la primera vez que lo ves...

Nada, le hice cruci y nuestros pobres (y rubios) querubines se fueron a freír monas y hoy, gracias a mi decepción, los parques españoles son un sitio más peligroso, porque unas ardillas antropófagas, buscan a otros tiernos infantes a los que amputar sus tiernas extremidades.

martes, 1 de febrero de 2011

Han vuelto, están aquí

Pues sí amigos, descansemos ya de tanto viaje, y aunque alguna anecdotilla se queda en el tintero, pasemos a un clásico imperecedero. ¡Las búsquedas!

Sí, sí, las extrañísimas preguntas que hace el personal a la chica de Guguel y que les lleva a mi blog, que abandonan sin perder tiempo.

Una vez más lo juro, todo lo que pongo en negrita realmente alguien lo ha escrito con sus manitas, sus abalorios y ningún conocimiento ortográfico, en la barra de búsquedas.

Mis comentarios y/o respuestas a continuación.


"cuanto ha ahorrado un hombre en 5 años, si en enero del primer año ahorro 2 y en cada mes posterios 3 mas que en el anterior?"

Se intenta ahorrar hacer los deberes, pero no le va a colar.

como se llama el muchacho que ya no va a trabajar en la radio estrela

Ni idea, pero por favor, no digas nada, que como se entere uno que yo me sé nos declara el estado de excepción, por lo menos.

dadme un bote de kh7

¡Y moveré el mundo!

O por lo menos, lo dejaré muy limpito.

el gallito rokero mi triste historia

¿Eres el gallito rockero y quieres contarnos tu triste historia? ¿No triunfaste porque el mundo musical aviar no está abierto a este tipo de tendencias?

la cara como se llaman las cosas que tiene la cara en ingles

¿Eres Mr Potato que está buscando recambios en alguna web que está en inglés?

Un consejo: Cuando hagas tu pedido, procura no mencionar que tienes las cosas de las ingles en la cara.

la vida de cacterin la de protagonista de novela

Cuando se hartó de aquel muchacho tan bueno en el fondo, pero tan impresentable en la superficie, se dejó de chorradas y se buscó la vida.

Creo que montó una empresa que sirve comidas en eventos. Le va bien, el nombre la ayudó mucho.

mi cerebro no acepta el ingles

¿Veraneas en Benidorm? ¿El del apartamento de arriba es un hooligan insoportable? No es tu cerebro quien no lo acepta, sino tu oído.

objetivos del juego de la habana a venido un barco cargado de

No estoy segura, pero aprender a poner las “haches”, se ve que no era.

que sintomas produce ingerir kh7

Ante todo, una imperiosa necesidad de ir a Urgencias.

personalidad del gato con botas

Una personalidad muy compleja, llena de matices, que solo un profundo análisis podría llegar a … ¡Que era un gato, hombre!. Pues mira, le gustaba dormir, comer y llevar los vaqueros por dentro (de las botas).

busco cajitas para meter las chuches para la comunion de mi hija

Di que sí, no te dejes esas inquietudes dentro, que después parece que no, pero te reconcomen estas cosas.

Próximamente el siguiente capítulo: Busco quién impida al bocazas de mi cuñado que haga en la comunión de mi hija el numerito que hizo en la boda de mi prima Asunción.

psicoanalisis soñar me muera y que me picaban moscas

Mi análisis es este: Estás mal informado sobre la costumbre de la mosca común europea, porque yo diría que no pican.

se me calo la virgen

Gracias por compartirlo con nosotros, sea lo que sea. Quizá lo he mencionado alguna vez, pero ¿puede ser la gallina?. No sé, por probar.

soy el gato con botas y soy muy listo y soy muy

Pues mira, Gato con Botas me vienes al pelo que alguien estaba preguntando por tu personalidad por aquí.

Así que ya sabemos que: Eres muy listo, no muy modesto y con tendencia a dejar las cosas sin acabar.

tiendas en alexandria virginia donde venden kh7 sin manchas

No sé qué clase de comercios hay en Alexandria Virgina, pero si te lo venden con manchas yo reclamaría.

adas de mi vella durmiente

Espero que sean las hadas de la ortografía. Perdón, de “tu” ortografía.

como se llama la parte que se cambia

Cambiante.

no soy gran cosa pero soy todo lo que tengo

No seas tan modesto, majo, un poco más de autoestima. Fíjate en el Gato con Botas, lo bien que se vende.

Claro que él tenía más cosas, por ejemplo: Unas botas.

como se llamo el primero que invento los refranes

¿Listillo?

nombre de novela donde el es rico ella pobre y tienen que vivir en la misma casa y se enamoran

Cualquiera, todas van de eso, más o menos.

Por cierto, al final ella se muda y monta un servicio de cáterin.

psicoanalista panadería ultima hora

¿Buscas un sitio donde te psicoanalicen a última hora de la tarde, y de paso puedas comprar el pan para la cena?

series sobre hombre guapo y rico que se enamora de la fea y pobre

Es una película de Disney: “Fantasía”. Anda, piénsate bien lo del servicio de comidas.

son tus campanas de belen las que me sulibellan.

Bueno majo, cada uno se sulibella con lo que quiere, o con lo que puede. Claro que en las navidades lo debes pasar fatal con tanta tentación ¿no?

O quizá al revés y cuando te dicen "Feliz Navidad" piensas "Y tanto".

Parece que no, pero pega, haced la prueba, cantad conmigo.

Son tus cam-panas de Belén, (vale, aquí hay que hacer un poco de trampa, pero pensad que sois la cantante de Mecano, y ya está). Da capo:

Son tus cam-panas de Belén,

Las que me sulibeeellan….

¡Todos juntos!

Las que me sulibeeeellaaaan.

lunes, 24 de enero de 2011

Y el séptimo día corrió más que nunca

Último día: Todo lo bueno tiene su fin y dicen que lo malo también, pero a mí España Directo se me hace eterno. En serio ¿cuántas horas dura eso? ¿Hay algún caso de alguien que lo haya visto entero?. Visto he dicho, no dormido delante.

Empezamos el día con buen pie, cogiendo fuerzas en un sitio muy mono de nombre italiano, que no consigo recordar, he aquí el ligero desayuno que los Bibs una vez más, estaban a punto de atacar. Yo, un café bebido porque a mí el dulce (poniendo cara de asco) no me dice nada.


En serio lo digo, ahora mismo me estoy mordiendo los labios para no darle un bocado a la pantalla

Pero venga, como no me va a gustar, pero si le miras fijamente te habla y todo, a mí por lo menos, me está llamando por mi nombre. Y me dice “Cómeme”, que entiendo perfectamente a Alicia. Sí hombre, Alicia en el País de las Pastelerías.

Huyamos ya del vicio y refugiémonos en el mundo del ciencia y el saber: El Museo de Historia Natural.

Intentando resumir, diremos que es un macro museo en el que hay un inmenso planetario, enormes salas dedicadas a la vegetación y minerales de varias partes del mundo, salas con dioramas, esqueletos de dinosaurios, animales disecados de los cinco continentes...

Y a nosotras nos quedaban unas pocas horas en Nueva York, en las que además teníamos que comer, comprar algún regalo de última hora y volver al hotel, con tiempo suficiente para que nos recogieran para llevarnos al aeropuerto, a las cuatro y media de la tarde.

En fin, que hubo que tomar importantes decisiones sobre qué salas ver a todo trapo, qué regalos comprar a todo trapo y en qué sitio comer a todo trapo.

Lo de comerse un trapo fue lo más asqueroso, sin duda, pero bueno, después de la taza esa con pelos, todo me parecía bien.

En el museo escogimos ver el mundo submarino, con una reproducción inmensa de una ballena azul (“Inmensa”. A ver, Mari Pili ¿cómo va a ser una reproducción de una ballena azul?), la sala de los dinosaurios (reproducciones de los esqueletos chachi-piruli que tienen guardaditos a buen recaudo), un par de dioramas vistos a todo correr (por favor, qué cosa más mona) y un par de salas de animales.


Los Bibs exponiéndose terriblemente en nombre de la ciencia. La tipa esa parece tan tranquila porque era una inconsciente de esas que pueblan los museos del mundo.


Y aquí viene lo difícil, y es que estos animales no son reproducciones, sino animalitos reales disecados. Aaaays, qué poco me gusta lo disecado, de verdad, nunca me cansaré de decirlo. Y es lógico, porque raramente el que se repite mucho se cansa, los que le tienen que aguantar. ¡Ah, eso ya es otra cosa!

Pues sí, ahí estaban por ejemplo unas gacelas, todas bastante fenecidas, o unos elefantes “de cuerpo presente”. ¿Y cómo han llegado ahí? Pues resulta que ellos estaban donde estuvieran, no sé, la sabana, o el zoo de la peli Madagascar, o dónde fuera, y eran todos muy ancianitos, pero mucho-mucho-mucho y cuando ya se iban a morir, decidieron hacer testamento y donar sus cuerpos al museo, para que así, niños y mayores pudieran disfrutar de …….¡¡No puedo, no puedo, es horrible!! Están muellltos, pero mueltos-mueltos, que haces ruido y ni se mueven ni nada.

Si hay hasta unos cachorritos de león que se te cae el alma a los pies, hombre por favor, que de verdad que nos hacemos una idea. A ver puesto un peluche y todos tan contentos, sobre todo los cachorros, no es por nada

Me estoy imaginando los leones disecados y al lado unos peluches de Simba y no sé si no me parece aún más desasosegante, tipo las muñecas esas grimosas de caras de porcelana.

Ay, esas muñequita ¿ya hemos hablado de ellas? Que están ahí en sus casitas, sentadas a punto de tomarse un té que nunca se tomarán (escalofrío), esas sí que están difuntas ¿verdad?.

Ahora que lo pienso, difuntas, pero propietarias de casas de por lo menos dos pisos. Cielos, envidio a unas muñecas y encima de las chungas.

Y en esto estábamos cuando vimos que eran como la una y veinte. Ante nosotras se abrían dos grandes posibilidades: Ir al planetario, donde teníamos hora para ver un pase a la una y media y estar ahí hasta las dos o así, cuando pensábamos ir a comer. O bien ver alguna otra sala y hacer alguna compra de souvenirs de ultimísima hora.

¿Cómo emplearías vosotros esa última media hora de vuestra vista neoyorquina? ¿Cómo creéis que lo hice yo?

Nosotras al final, nos metimos en el pase del planetario, convencidas de que sería espectacular.

Y sí que lo era, como todo ahí, asientos comodísimos, imágenes apabullantes, sonido excelente. Y una voz grave y rota de mujer que en un momento dado se presentó.

- Hello I’m Whoopy Goldberg.

¡Anda la osa (mayor)! ¿Y qué tal, Whoopy? No se sabe mucho de ti últimamente bueno, por lo menos no te llaman para lo de los Oscars, que tiene una pinta de ser un palizón de mucho cuidado.

Aquí estás mucho mejor, más descansadita, mujer, que ya tenemos una edad. Pero por favor, no vayas a ver la sala de la familia del Rey León … bueno, no te quiero dar un disgusto.

Vaya, qué voz tienes Whoopy, tía, tan profunda que parece que te mece, y qué butacas más cómodas y qué sala más oscura y que zzzzzzzzz.

Sí, amigos, no sé que habréis contestado pero sí, utilicé mi última media hora en Nueva York para quedarme dormida.

Oh, campos de asteroides, oh, mustios agujeros negros.

Al final, compramos los últimos regalitos corriendo, sin conciencia alguna de lo que estábamos haciendo, iba a decir “como en un sueño”, pero mejor no hacer más sangre.

Para mejorar un poco mi imagen, diré que nuestra última comida fue sana y ligera (que sí, que esta vez es verdad) en un magnífico restaurante vegetariano: Pacefood Café. Como muestra este rico sushi vegetariano acompañado de jicama, otra cosa que necesito volver a comer.



Bueno venga, que os había engañado, lo último-último, no iba a ser tan ligerito no. Algún caprichito se tenían que dar los pobres Bibs y es que no sabían que les esperaba lo peor…


La tarta de zanahoria que se sale del plato, la mejor amiga de un Bib.

lunes, 17 de enero de 2011

Viva el Moma y la'mujere


Dejemos por un momento el 2.011 y volvamos al primer lunes de octubre del lejano año 2.049. Ese fue el día que...

Ese fue el día que fuimos al Museum of Modern Art, Moma para los amigos, los amantes de los acrónimos o el grupo del que soy miembro de pleno derecho: Los vagos.

Era lunes y pensamos que no habría demasiado público. Pues no quiero saber cómo estará eso cualquier otro día de la semana, pero aquel lunes costaba dar un paso sin darse de narices con alguien: Van Gogh, Monet, Picasso, Pollock y un montón de gente que no sé si pintaría mucho pero que hacía fotos a base de bien.

Ese fue el día en el que nos encontramos con el segundo (y último) famoso que vimos en nuestro viaje, al que se contempla perfectamente en esta foto:



Sé que es obvio, pero es el famoso Alex Angulo, actor español y gran aficionado al arte moderno en sus ratos libres. ¡Qué tío y pensaba que no le íbamos a reconocer por meterse en un cuadro!

Claro que no le culpo por usar esas estratagemas que estará harto de personas humanas (o lo que sea) que se ponen a contarle que son satánicos de Carabanchel. Aunque cosas peores ha tenido que soportar en su carrera. ¡Por favor, que ese hombre ha actuado con José Coronado!. Y digo bien, que él actuaba, el otro, hacía como que actuaba.

En el Moma te encuentras las típicas cosas que se ven en muchos museos del mundo: Cuadros, esculturas, japoneses, fotografías y una vajilla hecha de pelo. Sí ¿qué pasa? He aquí la típica taza y la típica cuchara de pelo. Tanto buscar cubierto y ¡aquí estaban! Así que si alguna vez os encontráis un pelo en la sopa, lo mismo es que la cuchara la han comprado en una peletería.



Ese fue el día en que fuimos a un restaurante tailandés (Thai Grill and Sushi Bar) que recomendaba la guía, diciendo que estaba casi en la puerta del museo, era económico y muy apañado. Lo ratifico.




Aquí está lo que comieron los BIBs. Lo que no se ve es el resto de turistas, unos españoles y otros no, pero todos con la misma guía en la mano.

Ese fue el día que en un ascensor nos preguntó algo un señor, al que contestamos con nuestro depuradísimo inglés, momento en el que se dio cuenta de que no vivíamos allí, pero muy simpático nos dijo que hablábamos muy bien el idioma (el de Cervantes, será) y tan bien nos contó que:

Nota: Ahora imaginad la típica traducción simultánea, cuando se sigue oyendo la voz original de fondo, como cinco minutos después de que se haya callado el intérprete español.

- Cuando llegué al país, durante dos años solo sabía contestar sí o no, así que si alguien me preguntaba algo más, me iba de ahí.

Por eso le parecía que nosotras hablábamos muy bien el inglés porque decíamos algo más que sí o no (realmente solo bajo ese prisma se puede pensar semejante cosa) y para darnos más ánimos, nos dijo que pensáramos que de ahí no es nadie, ni siquiera Colón.

Y sería del único que sitio que no era Colón, porque anda que no nació en sitios el hombre, ni nada.

¿Qué más? Que esa noche fue la que cenamos en el restaurante italiano Ballducci e Vino.

¿Que por qué lo elegimos para nuestra última cena en Manhattan entre las docenas de recomendaciones que llevábamos y que nos quedaban por conocer? Vale, lo reconozco, porque queríamos cenar con vino y en vista de la de sitios que no lo sirven en NY pensamos que con ese nombre, era una apuesta segura.

El sitio era francamente bonito, la comida muy buena, aunque las raciones me parecieron ¿Cómo decirlo? Ah, sí "europeas".

En lo del "e Vino" no nos habían engañado y había carta de vinos, había también sommelier e incluso ayudante del sommelier.

Yo no sé qué haréis vosotros cuando os dan una carta de vinos, además de ofrecérsela compulsivamente a vuestros acompañantes para desentenderos del asunto. En mi caso, si esto no me funciona, yo siempre me desmayo viendo los precios y cuando me recupero, si después de ese numerito todavía tengo la carta encima de mi plato, al final pido uno, poniendo cara de que soy una entendida en el tema, lo que ratifico con mi aire resuelto y dando un codazo a algún comensal (si hace falta, de otra mesa) mientras digo lo más alto posible:

- Este es bueno, con este no se toma Casera.

Probadlo, siempre da buen resultado. Y si eso no os basta, siempre podéis añadir (muy-muy serios, riéndose no vale) que queréis probar algo nuevo porque:

- Yo, con el vino, soy un aventurero.

Lo juro, esto del Indiana Jones enológico lo oí en un restaurante de Salamanca hará 2 años y todavía no ha decrecido mi admiración por el ínclito, porque decir alguna tontería después de pimplarte una botella, lo hacemos todo, pero antes de que te la traigan a la mesa, eso tiene su mérito.

Y llegado este momento, creo que he de confesar algo pero no sé cómo, porque es algo que no hay manera buena de decirlo: A mí me gusta el vino. ¿Véis? No suena a "Soy una aficionada a la enología" sino a "A mí, me gusta el piribipipiii, de la bota empinao-parabapapao".

Aunque no sé qué es peor, que piensen que hiciste la letra de "Viva er vino y la'mujereees" o un pedante "Aventurero con el vino". Así que yo no lo digo y ya está. Sobre todo porque no entiendo una palabra del tema, y cuando no he podido zafarme de la carta de vinos, he sufrido mucho con la responsabilidad.

Así que ahora que lo pienso, si me gusta pero no entiendo ¿no soy entonces la del piribipipí y no lo sabía? ¡Qué feliz vivía en mi ignorancia! Ahora no me queda otro remedio que beber para olvidar. La culpa es vuestra, de la sociedad, de Álex Angulo o de Yoko Ono. No sé, todavía me lo estoy pensando pero mía, no, seguro.

Aunque bien pensado sí que he aprendido algo en este campo: El vino en los restaurantes suele llevar un recargo del 300%.

¿Qué, cómo os habéis quedado? Bueno, vale, lo confieso, no es del todo verdad: Ese suele ser el recargo normal, pero a veces es más. Así que el precio de carta de una botella divididlo entre tres. Y si son de esos que en vez de vinos, tienen "referencias", entre cuatro o cinco.

Resumiendo (por fin): De la carta de vinos pedimos uno sudafricano, que cumplía con nuestras exigencias: No era muy caro, y era tan exótico como el Arca Perdida, o el Templo, el Santo Grial o lo que se le perdiera a ese señor que Harrison Ford (el de verdad, no el del vino) siempre fue muy perdulario.

El sommelier y el famoso ayudante lo trajeron a la mesa, y comenzó el hombre con la habitual retahíla que suele acompañar a la apertura de una botella.Vale, lo mismo nos estaba contando el final de Perdidos porque francamente, yo no le entendí ni tres palabras, pero le sonreía mucho (que es lo que hace uno cuando no se entera de nada) hasta que vimos alucinadas que la botella que abrían, bueno, que no necesitaban sacacorchos ni nada, porque tenía un tapón de rosca. La cara que se nos quedó hizo que hasta el hombre se parara mientras nosotras decíamos:

- Oye, que no tiene corcho.
- ¡Se abre con un tapón de rosca! Hemos venido hasta aquí para pedirnos un vino de tapón de rosca.

Que conste que el vino estaba bien, en todo caso hubiera merecido la pena pagarlo, por la escena del tipo diciendo aquello de los taninos (que lo diría, seguro) mientras abría el tapón de rosca con mucha ceremonia.

Y es que no era un vino malo, sino que con el tapón, era un aventurero.


Aquí, los Bibs se atacando ñoquis con pijaditas, el vino de tapón de rosca y unos raviolis negros, al fondo.

lunes, 10 de enero de 2011

Se solicitan colaboraciones


Empieza el nuevo año (no soy yo nadie dando primicias) y es momento de renovarse: Dejar que el Papá Noel rampante vuelva al Polo y viva su amor sin tapujos con Rudolf, o encauce su vida y deje de allanar moradas (o se despeñe definitivamente), tirar el christma del banco y poner nuevas cosas en nuestras vidas. Pero ¿cómo?

Yo os propongo, o mejor dicho, os lo propone Mila y Teté que además de ir a las rebajas o apuntaros a un gimnasio bilingüe para aprender inglés (al tiempo, los habrá) incorporéis otras cosas nuevas como por ejemplo ¡palabras nuevas!.

Sí, sí, palabras nuevas, fresquitas, de buen rollo y dispuestas a ser estrenadas.

Y no solo eso, también ampliadas, porque podéis colaborar y enviar a la dirección que veréis a un ladito todas las que se os ocurran si son más bonitas que empezar las vacaciones y aptas para todos los públicos, que hay niños leyéndonos con esos ojos tan grandes que tienen, y esas vocecitas tan agudas que después preguntan a sus papás: "¿Qué es...?" (y lo más embarazoso que se os ocurra)

Aquí van algunos ejemplos

ALMITIS: f. Inflamación pasajera del alma que se sufre cuando el vivir se vuelve obligatorio. Se cura con un beso. / Cuando me dio la almitis estaba amaneciendo.

HEDITOR: m. Coordinador de publicaciones trasnochado e impermeable a las nuevas tendencias. / Este heditor apesta a antiguo.

LAVIRGENDELPOMPILLO: loq. Exclamación muda que dice para sí el que, al levantarse a oscuras de la cama, se fractura el meñique con la pata de la misma. / “¡Lavirgendelpompillo!”, - exclamé para mis adentros así me levantaba.

Bueno, y si queréis de paso, podéis animaros a encontrar las que una servidora ha incluido en tan magno proyecto. Son poquitas, advierto, pero me corresponde el honor de abrir el diccionario con la palabra. Hasta que llegue uno de vosotros, y me robe vilmente ¿quién se atreve?

Así, que como lectores, escritores o robots capaces de abrir direcciones, no dudéis en pinchar en Nuestro Diccionario.

¡Dominemos el mundo... de las palabras! (anda, que creías que no lo iba a soltar)



Nota posterior: Muchísimas gracias a todos por las colaboraciones, gentilmente la administradora se encargará de leerlas y pasarlas al diccionario.

Si lo preferís, las podéis mandar a contact@artimagos.com, aunque la verdad, me gusta leerlas aquí y pasar mucha envidia.

Ah, mis palabras (vale, era muy difícil) son las que están en verde, como la primera que sale en el listado (de momento) "Aficción"

sábado, 1 de enero de 2011

You are the Top

Después de salir de misa buscamos en la guía restaurantes en Harlem que sirvieran la comida típica sureña, la exótica comida cajun. Y después de varios intentos fallidos, entramos en Amy's Ruths, donde lo primero que nos sirvieron fue un pan de maíz dulce, por favor ¿Alguien sabe dónde se vende ese pan en España? Por favor, es una necesidad médica, en serio. Ah, que no se ve en la foto, porque me lo había comido.

Sobre la comida sureña os puedo decir dos palabras: Frito y rebozado. No, perdón, tres palabras: Frito, rebozado y abundante.

Salimos de ahí moviéndonos con dificultad, rumbo a nuestro último gran destino del día: El Edificio Rockefeller. Este edificio es muy famoso por muchas cosas, entre otras, porque en todas las películas navideñas que suceden en Nueva York, se ve su inmenso árbol de Navidad, su pista de patinaje y a Liz Lemmon entrando a trabajar.

Los BIBs siempre lo recordaremos porque desde su azotea, disfrutamos de las vistas más alucinantes de Manhattan, y porque creo que fue el único momento en que me pareció que era verdad (pero verdad de la buena) que estaba en esa ciudad.

Habíamos calculado el tiempo más o menos, para ver el atardecer pero con margen suficiente y (esto fue más casualidad que otra cosa) para no encontrar colas ni tener problemas para subir los 67 pisos, que se dice pronto.

Claro que esto no nos llevó mucho tiempo, porque era el ascensor más rápido que he visto en mi vida. Cuando subes se empieza a oír una música (no, no la típica música de ascensor) que acompaña a unas imágenes que proyectan en el techo, supongo que para que no digas "¿Cuánto falta?", ni pidas pipí ni nada mientras subes los 6 docenas de pisitos del ala. Aunque no haría ni falta, porque de verdad que tardo bastante más cuando subo los 5 pisos de mi oficina.

Alrededor del piso 67, que es el más ancho de los que incluye la visita, hay unas mamparas de metacrilato, que los turistas intentamos evitar a toda costa para que aparezcan los reflejos de los flashes, sacando la manita con la cámara de marras por los pocos huecos que quedan entre ellas.

Creo que el año pasado, el ayuntamiento de Nueva York contabilizó 17 muertes de viandantes por impacto de cámara digital y 4 por videocámaras. Ahora, cuando veáis en una peli que patinan delante del edificio, estad atentos a si se cae algún patinador y después no se puede levantar. Ahora ya sabéis por qué es.

Aún se puede acceder a otros dos pisos, más estrechos y sin mamparas, simplemente protegidos por barandillas normales y corrientes de piedra.

Central Park, el río Hudson. ¿He dicho ya que las vistas eran alucinantes?

En uno de esos pisos superiores es donde pudimos ver a una familia, los papás con una hija adolescente y un chaval de unos 12 años, que se entretenía subiéndose a caballito en las citadas barandillas, a la despreciable distancia de 70 pisos del duro suelo, mientras sus padres le miraban sin hacer ni decir nada.

No, perdón, perdón, quiero pedir disculpas, que el padre sí que estaba haciendo algo: Una foto, en concreto.

En honor a la verdad, hay que decir que si se hubiera caído, al ser la azotea más estrecha, solo hubiera caído un piso o dos. Se calcula que el año pasado se registraron 15 muertes de turistas que estaban en el piso 68 por impacto de inconsciente niño turista cuyos padres están sacando eso sí, unas fotos estupendas.

Después las enseñarán en su casa: "Mira, aquí fue donde Diego dejó paralítico a ese japonés ¿A que no se ve el flash?"

Digo Diego (además de por ser un nombre que está de moda hace unos cuántos años, después de un paréntesis de 3 siglos en los que había abandonado el Top 10) y no digo dije, ni dije digo (Dios, qué lío me estoy haciendo), ni John porque el edificio estaba tomado por argentinos, y españoles.

De verdad que en el resto de la ciudad no vimos tantos compatriotas como esa tarde, aunque no faltaba gente de cualquier otra parte del mundo, y cámaras, muchas cámaras.

Y es que como oí a una chica, en un purísimo castellano/vallisoletano, la gente se obsesiona tanto con hacer fotos o videos que no observa realmente las vistas. Nosotras, no ¿Eh? Que hicimos unas cuantas fotos y después disfrutamos tranquilamente de la visita.

Como lo oís: Guardamos la cámara, sí, sí. Y si no se nos hubiera quedado sin batería, hubiéramos hecho lo mismo.

Y así llegó el atardecer en Nueva York... y nosotras, sin cámara. Pero da igual ¡Aaaaah, el atardecer en el Top of The Rock! ¡Qué maravilla! Suspiro-suspiro-suspiro.

Bueno, antes de hiper ventilarme os contaré que tiene dos atracciones principales, la vista del Central Park por un lado, y por otro, la vista bastante parcial del Edificio Chrysler, que de ese, ni sacrificando a tu primogénito en el intento, sacas una buena foto, lo sé porque yo maté por lo menos a tres o cuatro niños que andaban por ahí despistados.

Y otra totalmente privilegiada del Empire State, que es fotografiado hasta la saciedad por todos los que están ahí.

Por cierto que esa azotea también se puede visitar. ¿Y qué hace ahí la gente? Pues está clarísimo, hombre: fotografiar el Rockefeller Center. El ser humano es así, o mejor dicho, asín.

En algunas partes hay bancos para poder descansar un poco, que a lo tonto pasamos ahí muchísimo tiempo, tanto que cuando llegué recuerdo que tenía una heridita en un pie y pensaba en pedir una tirita a alguien, cuando nos fuimos, pensé en pedir que me amputaran el pie, por favor.

Claro que era difícil encontrar uno vacío, por fin vimos como un grupo de varios matrimonios mayorcitos, con pinta de americanos, se levantaron de uno, quedándose uno de los maridos en el banco. Nos sentamos a su lado, y cuando el hombre nos miró se le escapó una sonrisita. Nos volvió a mirar y nos preguntó si hablábamos inglés.

- Psssssssssssssssiiiiiiiii.

- Bueno, yo según el tiempo verbal que se utilice.

Entonces nos contó muy sonriente que su mujer era la señora de azul que estaba justo delante y que si le veía sentado con dos chicas que se iba a creer que había ligado. Bueno, esto último lo dedujimos más que otra cosa, pero no debíamos ir desencaminadas porque llamó a su señora esposa y nos señaló riéndonos, mientras le decía, supongo que viera cómo se le pegaban las mujeres.

La señora esposa se rió también y nos sacó un par de fotos a los tres, él riéndose y nosotras poniendo posturitas a su lado en plan chicas sexys. Vale, en plan mujeres que hacen en chorra en fotos de desconocidos.

Vale, en plan señoras españolas con el bolso cruzado, porque una española no se descruza el bolso en un lugar turístico (aunque sea la Puerta del Sol), por si viene su madre (aunque sea del más allá) a decirle "Hija ¡Cuidado con el bolso!".

Nos dieron las gracias muy sonrientes y ahora Jack y Betsy pueden enseñar en sus cenas de matrimonios, allá en su urbanización de Millwakee-Wisconsin-USA, como Jack ligó con dos jóvenes (y bellísimas) extranjeras cuando estuvieron en Nueva York. Yo como comprenderéis, por alguien que todavía me considera joven, estoy dispuesta a hacer cualquier imbecilidad.

Lo hice por lo de joven y que la verdad, cuando uno se va de viaje, hace cosas muy raras.

Solo eso explica las pelotas de playa Nivea, los pedalós, la conga, las fotos al lado de un camello, el paseo (comodísimo, sin duda) en el citado camello, las camisetas que ponen "Un amigo mío estuvo en No sé dónde y solo me trajo esta camiseta, que por lo menos servirá para hacer trapos", los delantales de faralaes, y otra serie de estados alterados de la conciencia que crean comportamientos anómalos constituyentes del auténtico "Síndrome de la Clase Turista".

Después de la puesta de sol, llegó la noche y la ciudad iluminada que os vais a tener que imaginar, y por último, y para rematar el plan, los fuegos artificiales. Que sí, que sí, no os los puedo enseñar además de por lo de la cámara, porque yo tampoco los vi, porque ya estábamos a punto de entrar en el ascensor, y a esas alturas, a punto de perder el pie definitivamente ya podía aparecer King Kong en el edificio de enfrente bailando el Cha-cha-chá, que yo no me movía.

Pero lo sé porque la chica que controlaba los ascensores, nos lo contó muy contenta, y nos dijo (en inglés que me apresto a traducir)

- ¡Es que es mi cumpleaños y son mis amigos que me los regalan!

Y así, con la alegría de esa chica (que de ilusión también se vive) nos fuimos encantadas, y para que se os quede el mismo sabor de boca os dejo esta foto en la que no falta nada: El Empire State, los Bibs y el flash de mi cámara. Os dejo esta foto y sobre todo mis mejores deseos para todos vosotros para el 2011 y en todo lo que queda de milenio.

Y que todos los BIBS del mundo sigamos pasándolo muy bien, estemos dónde estemos, haciéndonos fotos sujetando la Torre de Pisa, conociendo a Jacks y Betsys o en dónde sea, pero sobre todo que el año que viene no me falte ninguno.


¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!

martes, 28 de diciembre de 2010

Harlem y el pájaro anorak (y II)

En la guía turística decía que la ceremonia duraba una hora aproximadamente, pero cuando acabó aquella primera intervención del reverendo, ya debíamos llevar ahí como unos 50 minutos. Y según el programa, aún quedaban muchas más cosas: Que si pasaban dos veces el cepillo, que si la lectura de las escrituras, el sermón, las canciones (que para mi decepción no pasaron de cuatro), la comunión, una señora que habló ya no me preguntéis a cuento de qué.

En total: dos horas y media de misa que exceptuando unos 20 minutos de los (realmente buenos) coros, se me hicieron más que largas. Claro que el que hablaran en un idioma del que solo entiendo un tiempo verbal, es posible que ayudara.

El sermón fue especialmente extenso y yo me acordaba con cariño del cura que me dio a mí la comunión, que entre el primer “Queridos fieles” con que empezaba la misa del domingo y el "daos fraternalmente la paz", había 45 minutos cronometrados.

¡Ah, Don Sebastián! ¡Quién podría olvidarse de él!. Bueno, se ve que yo, porque no recuerdo para nada cómo se llamaba y le he puesto el primer nombre que me sonaba a cura que se me ha ocurrido.

Así que volviendo a aquel domingo, para entretenerme, hice lo que todos los feligreses poco entregados (y no te digo yo los que no entienden el idioma) han hecho desde el principio de los tiempos: Cotillear al personal.

Y si hay un sitio donde se puede uno fijar en cómo va vestido el personal, es en una misa gospel.

En algunas películas, los protagonistas van a la ópera, y no saben qué ponerse porque todo el mundo va de tiros largos, pues creedme, yo he ido a la ópera, y eso es mentira cochina, donde la gente va arreglada-arreglada es en misa en Harlem, un domingo por la mañana.

Todo el barrio en domingo está plagado de gente vestida de gala, y venga sombreros y pamelas, brillos y tocados, que te preguntas todo el rato qué torero se casará, perdón, se enlazará.

Tal y como había visto en algunas películas, toda la ceremonia es muy participativa, y es normal que la gente espontáneamente exclame el famoso ei-men o levante las manos o se sonría cuando el pastor hace algún chistecillo, mientras asiente y pone cara de "Es gracioso porque es verdad".

Lo que nunca había visto es que la gente tomara apuntes, pero juro que dentro del programa había una hojita suelta que se títulaba "Sermon Notes" y después tenía una serie de líneas, como:

Date: _________________________

Preacher:______________________

Notes:_____________________________________________________________

__________________________________________________________________

__________________________________________________________________

Que sí, que sí, que había una hoja específica para tomar apuntes y la chica que tenía yo al lado, escribía mucho, no sé si serían notas del sermón o que no acertaba a escribir bien el título completo del "pricher" y no hacía más que corregirlo mientras pensaba "¿Era reverendo junior o doctor senior?", pero la chica escribía que daba gusto.

Vamos que participan, pero tampoco están todo el tiempo como en éxtasis, y solo en algunos momentos cumbre, se animaba todo el mundo. Y es que en un ceremonia que dura dos horas y media de reloj si no eres palmero en un tablao flamenco, es imposible que estés todo el rato entregado.

Claro, que ya se sabe que hay gente "que lleva la fiesta allá donde va", o que viene animado de casa, o que tiene que dar el numerito allá donde vaya, llámalo cómo quieras.

En nuestro mismo banco teníamos dos buenos ejemplos: Uno era un chico de unos treinta y tantos, con rastas, chaleco de pana y aire modernillo, que se había traído su propia Biblia de casa y se pasó todo el rato con ella abierta.

Que yo no sé qué leería, porque se le veía muy entregado a su lectura tanto cuando se leyeron las escrituras como cuando se contaba que Fulano estaba en el hospital o que unos se estaban preparando para hacer la comunión.

También tuvo momentos en que, sin que nadie más lo hiciera, se levantó y se puso con los brazos extendidos y con la cabeza echada para atrás, con cara de concentración. No vi a nadie que hiciera nada similar, pero si creía que a ser la estrella del día, estaba muy equivocado, porque como a mitad de ceremonia, entró un participante mucho más molesto y que no suele faltar en ninguna parte: La señora que llega tarde.

Para empezar, como llegó tan tarde y con dos niños pequeños, no sé cómo consiguió que se levantaran dos señores para hacerles sitio. Quizá todo estaba preparado pero se sentó al lado del chico de las rastas, su gran rival en el mundo del espectáculo.

Nada más llegar, y así en frío, sin calentar ni nada, que tiene su mérito, se puso en el pasillo a dar patadas en el suelo mientras gritaba amén y oh, yeah, y no sé cuántas cosas más, mientras el resto de la parroquia estaba bastante tranquilita.

Pero aquello no era más que un ensayo, porque en su carrera triunfal, como tantas veces les escurre a las estrellas, se interpuso su familia, en concreto el niño pequeño, que no tendría más de cinco años y que empezó a llorar como un berraco, sin duda como queja a cómo le habían vestido. Y es que la pobre criatura llevaba una camisa y una corbatitas hechas de la misma tela roja como brillantosa.

Se ve que el muchacho tenía mejor gusto que su madre (que es fácil) o que no conseguía diferenciarse la cortaba de la camisa (yo no podía, de verdad que me tuvo que explicar mi hermana que llevaba una corbata), y no pudiendo soportarlo más, se echó llorar a lágrima viva.

O a lo mejor le había pagado algún feligrés para que saliera su mamá de ahí un ratito, yo incluso tendo mis sospechas de que pudo ser el propio doctor reverendo junior senior, que no se oía ni a sí mismo, con la buena señora dando voces.

La mujer se lo llevó de ahí, sospecho que por indicación de uno de los manipuladores de alimentos, eso sí, en su huída a Egipto dejó ahí solita a la niña, que no sé si habría cumplido ni los ocho años. Que sí, que de verdad que a Egipto por lo menos se fue la mujer, o eso, o estaba buscando una tienda abierta para comprarle una corbata menos horrible al niño, porque tardó unos cuarenta y cinco minutos en volver.

¿Que qué hace una cría pequeña, sola en misa, sin nada con qué distraerse, como un hermano pequeño al que darle puntapiés, al otro lado del Atlántico? Pues lo mismo que a este, aburrirse.

La pobre buscó ayuda en la persona que tenía más cerca: Nuestro amigo de las rastas, y le miraba con esa carita de pena con que te miran los niños cuando buscan que alguien les haga caso.

Pero nada, no hubo manera, el tipo no la hizo ni el más mínimo caso. No porque pasara de ella, qué va. ¡Pobrecito! Si el chico la hubiera ayudado, pero es que claro, miraba tanto y tanto al cielo, literalmente, que no podía ver lo que pasaba en el suelo, donde se había colocado la niña sin darse cuenta de que ahí no la iba a ver.

Y mientras el reverendo predicaba que había que abrirle el corazón a Jesús, él estaba más de acuerdo que nadie levantando los brazos y moviendo la cabeza. Y allí sigue en su casa, esperando que llame para abrirle la puerta, que total, es difícil que aparezca, y más para pedirle que se quede con los niños esa tarde.

Así que él se quedó haciendo su numerito místico-gimnástico y la pobre cría tuvo que sacar su arma secreta contra el aburrimiento: Una pluma.

No, no digo una pluma estilográfica con la que hiciera dibujitos en los papeles que nos habían dado o algo así, sino una pluma de pájaro. Supongo del pájaro almohada o del pájaro anorak, que de alguna manera llegó a su mano y con la que estuvo jugando durante tiempo y tiempo. Que nadie le ha sacado tanto partido a una pluma desde Lope de Vega.

Pero dejemos a nuestra Fénix de los Ingenios y volvamos con el resto de la parroquia, y del servicio. Como todos los que han estado en el gallinero en su vida (¡el gallinero! ¡de ahí debió sacar la pluma!) me dediqué un buen rato a fijarme en el patio de butacas, donde entre un mar de sombreros, descubrí algo me llamó la atención.

Al principio pensé "Qué rarito ese tocado que lleva esa señora que va de blanco inmaculado, parece una cofia y todo", y es que ¡Era una cofia!. Una cofia de enfermera de película, porque la señora era una enfermera de película, vestida con su uniforme blanco y su cofia que ya solo se ve en las películas para adultos. Aunque la mujer daba más bien el perfil de enfermera grandota con la que no se enfrenta nadie, y que no necesita decir alguna chorrada como "¿Hoy nos vamos a tomar la medicación?", que ya te tomas la medicación tú solito nada más verla, no vaya a ser que te secuestre si te rompes una pierna en un accidente en medio de un paraje nevado.

Acabó el sermón y otras partes de la ceremonia y llegaron los señores de traje aquellos tan serios, que a larga se vio que sí les iban a ser útiles los guantes, porque llevaban unas enormes bandejas, que entregaban al que se sentaba a un extremo de los bancos y nos íbamos pasando unos a los otros, después de quedarnos, o no, con vasito, similar a donde te dan en el avión, para echarle la leche al café.

Pero esto no era leche, sino el vino de misa. Y es que como hubiera sido un lío increíble tanta gente subiendo y bajando para comulgar, no sé en las demás iglesias, pero ahí han tomado la decisión de que cuando el reverendo da la comunión, los fieles toman el vino a la de tres y se dan por comulgados.

Bueno ¿pero no faltaba algo más importante? Pues sí, y es que para mí sorpresa, después de que todo el mundo levantara el vasito, abrieron una tapita que tenía, sacaron la hostia, la tomaron y después ya abrieron el vino.

Y toda esta práctica a la par que higiénica idea la han sacado de las originales tapas españolas, que todo el mundo sabe que se llaman tapas, porque se servían tapando los chatos de vino. Así es el ingenio español que asombra al mundo.

Vale, es posible que no hayan sacado la idea de ahí, pero no me negaréis que el sistema es exactamente el mismo.

Por fin acabó aquel servicio, y me fui de ahí pensando que aquella era la misa más larga a la que había ido en mi vida, exceptuando quizá aquella Misa del Gallo a la que fui con mis tíos en mi lejana infancia, que duró muchísimo porque cuando leían las escrituras, aparecían niños disfrazados que representaban a María, San José... etc...

Tanta representación de todo lo que iban diciendo hubo, que cuando llegó el momento en que el sacerdote dijo "Cordero de Dios...", mi primo dijo a viva voz:

- ¿Y dónde está el cordero?